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Luis alvarenga  poemas para el pez banne
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Poemas de Luis Alvarenga. De: Rota la música que la abrigaba.

Ilustraciones : Héctor Hernández

POEMAS DEL HUÉRFANO ANTONELLO OTIS

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Aplauso en el aire (concierto fúnebre para una mano sola)

Treno por la muerte de su hermana

Pintarrajeo su cara.

Escribo en el aire un poema

largo como un sudario

para envolver mis lágrimas

y le suelto un borrón

que quema los trazos de su sombra.

Vacío, vacío, me colmas

—y le vomito en su cara

lo que me robó

en las plantas de los pies de mi hermana

despidiéndose del cielo

en su barcarola de lata.

 

 

 

 

 

Como el que vuelve de la guerra

—como si fuera posible, aunque fuera un poco, dejar esta borrachera donde salgo en orfeón a cantar, idiota, con mis fantasmas de esa guerra—,

me despierto queriendo mover

lo que me queda de ti

y en el aire atrapa moscas

un muñón de mi alma.

Mutilado de hermana,

cierro los ojos queriendo mirarte

y aplaude solitaria en el aire

una mano que no encuentra tu mano,

al menos aquí.

 

 

Despedida de los discos de su hermana muerta

Por último, dejó rota la música que la abrigaba

y con un cordel de ciudades

quiso torcerle el cuello al aire

y tenía alas blancas.

Un poco antes, hacía castillos

de sordos estruendos,

de explosiones que callaban.

Y sacaba los dientes.

Y mordía lo que no se nombra

—los mandatos con huellas

de sus colmillos.

Pero ayer se despedía

ya sin sus discos

que robaban coros a los muertos,

con una serenata de fantasmas

sepultados en memorias estereofónicas.

ÚLTIMOS VERSOS DE JACOBO DUNKELHIMMEL

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Abducción del hijo

Este fin de tarde es extraño

como un cielo enrojecido por un platillo volador.

Juro que lo vi, juro que lo estoy viendo.

No es una visión, es su fuselaje plateado

Enrojeciendo el cielo de este fin de tarde

Y llevándose a mi hijo/desvaneciéndolo de mis brazos que se

aferran a su cuerpecito.

Nada es igual.

Las últimas palabras inteligibles que sé que oyó de mis labios

Fueron los lamentos del zacate quemado por la escalera de fuego

por donde se le arrastró.

Y ya no lo vi más.

Una lata de cerveza vacía rodando calle abajo, ese es mi corazón.

 

El incomprensible llanto de un loco que dice palabras

incomprensibles para la gente trabajadora y buena.

 

 

Película

Esto que pasa bajo mi piel no pasa. Le pasa a alguien más.

A alguien que vive cuando un aparato lee un disco y su binario mapa se hace carne intangible en la pantalla.

Es el hijo de otro que desapareció/que fue secuestrado en un platillo volador

/cuyo cerebro es una flor injertada de olvidos que no son los míos

Hijo Se te llora callado en el cine/en esta vida que no puede

estarme pasando.

Porque a nadie se le desaparecen los hijos/ porque todos decimos

sus nombres y ellos responden/

Porque esto es extraño/ debo ser extraño/una pústula en este planeta/un hongo que debe erradicarse.

Pero que sólo tiene justificación porque pregunta por un hijo.

 

 

 

Tarde de sábado

 

La esposa virtuosa se aparece sobre el asfalto caliente.

Hubo un candado en la puerta. La colonia tiene vigilantes, el padre

y el hijo que se turnan.

La esposa virtuosa aparece por encima del suelo del municipio cuyo nivel de virtud es similar

Al de cualquier ciudad civilizada del mundo y no a nada que se vea

en este país.

El hombre loco dice que vio un platillo volador

cuando perdió la razón a medida que un niño pequeño iba

alejándose.

En la panza grisácea de una casa donde Dios habla por teléfono con sus habitantes

Y no hay perros que ensucian Y hay libros hermosos porque están sin abrirse Y sofás que saben de revelaciones y de profecías y de lo lindo que es ser elegido.

Al hombre loco le dicen los vigilantes que se retire, mientras las testigos de todo esto

siembran sus ojos que se multiplican como plantas de marihuana.

El hombre loco se retira, arrastrando la sombra de su hijo.

No dejará de ver al cielo/no dejará de preguntarle al cielo

cuáles eran los números de placa del artefacto/casa/ballena/nave espacial

que se desvaneció desgarrando la desnudez del cielo

y dejándolo para siempre peor que mutilado.

 

 

 

 

Poemas de nadie, nadiemas

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Lo que viene a continuación son poemas que reproducen historias que me fueron contadas y que hace tiempo se desprendieron de quienes las padecieron. No son ni mis poemas ni mis historias. No son ni siquiera poemas: son nadiemas. Algunos de ellos son productos de sueños, de pesadillas muy frescas y vívidas. En todo caso, tampoco puedo reclamar que son míos. Son de quien escribe los sueños y los pone en escena y los inyecta en la cabeza de los que servimos de antenas.

 

 

 

Maldiciones en karaoke

Oh la poesía ha de costar sentenciaron desde siempre

y me dejaron agonizando cuando las trece monedas ya no estaban en   mis bolsillos

las mismas que compraron un público atento a mis chistes mal pronunciados porque siempre hablé dormido

Oh eres una mancha morada sentenciaron cuando se hacían del

otro lado del ring

del lado de la cama donde nunca dormí y ella estaba anestesiada

por morder su propia lengua llena de bendiciones de aleluyas y yo nunca dormí porque nunca

Oh no tienes derecho a tomar esa pluma fuente a aporrear esa Olivetti sentenciaron

cuando escapaban de mi puño como un agua que parece ser oro pero sólo es agua que no seca la sed

quién eres para decir que eres puro sentenciaron no escribas

porque te delatas

delatas que te dedicas a falsificar firmas de santos delatas que

tienes colmillos de plástico sentenciaron

Oh la poesía ha de costar ha de costar dijeron

y sus poemas anunciaban gaseosas y servían para intercalar mensajes subversivos que solo ellos entendían

y sus manos se quitaron los guantes con que estrecharan mis

manos

guantes de carne y dejaron ver sus ohs y sus sentencias que

huelen a pozo

y se hicieron siempre siempre del otro lado del ring

de aquel  lado donde siempre me esperaron para golpearme

mientras yo cantaba con lágrimas

y los vomitaba de mi boca de gordo tenor.

 

 

Llanto y agonía por el fin de vacaciones

(Semana santa de 2013)

No quiero que la luz

de los trabajadores

hiera mis pupilas de cadáver.

 

Quiero ver la vida languidecer

en mi santo sepulcro acolchonado.

¡Qué horrorosos,

la civilidad y el demonio de sus filas de asesinos,

lastimando mis oídos!

 

La vacación se va

como sangre de una vena cortada.

Quisiera eternizarme

en el calor de una tarde a la que no le importo,

disolverme en el canto de las cigarras,

no resucitar para el salario

el domingo de resurrección.

 

Sudario sudado,

babas de los sueños

amontonados en la bodega de la cabeza,

poemas sin comenzarse,

proyectos de extraordinarias abyecciones sin salir de sus cartuchos.

—¡Qué juegos artificiales

alumbrarían si mis pecados ardieran!

 

Este es el último día de vida que nos es dado.

Desperdícialo, perezoso.

Mañana tu tiempo

será del diablo

y sus facturas te llegarán como dardos en los ojos.

Babea la ancha sábana de la vida,

mientras das otra vuelta

en el infinito tamaño king size.

 

Ronca hasta que despierten las estrellas,

mientras que la agonía

del día laboral crece

como una infección bochornosa,

como una mala palabra dicha por Dios en tu cara.

Así sea.

 

 

 

 Pesadilla nocturna

La mirada se hace más oscura;

la mirada: más bien,

el negro del ojo lo ocupa todo.

Te da miedo cómo miran

dos ojos copados por el negro,

como ocupados por alas del cuervo;

témeles, incansables, cuando se cierran

y tras ellos hay un territorio

de poblados minúsculos,

ahorcamientos para un sábado en la tarde,

visitaciones por detrás

a la maestra que ronda el barrio

formando una anotación pequeña en la partitura

que tu vicio ensaya con dedos poco acostumbrados

a pulsar teclados de marfil y alas del diablo.

Un clavecín suena y echa a andar

la bicicleta solitaria,

la rueda que le falta a tu cordura,

en fin, lo que pagaría el demonio

por asomarse a tus ojos.

Luis Alvarenga, poeta y ensayista salvadoreño, nació en San Salvador en 1969. Es doctor en filosofía iberoamericana por la UCA de San Salvador y director del doctorado en filosofía de la misma universidad. Ha publicado en poesía: Otras guerras (1990); Libro del sábado (2000); Dante (2012), Hotel Central (2013) y Las florecidas arboledas del mar (2013). Entre su obra de investigación literaria y filosófica figuran El ciervo perseguido. Vida y obra de Roque Dalton (2002 y una segunda edición, corregida y aumentada,  2017) y Roque Dalton: La radicalización de las vanguardias (2010). Es autor de dos libros sobre los medios de comunicación de la guerrilla salvadoreña: Tiempos de audacia: Los mass-media de una guerrilla, y La gramática de la pólvora: los debates en la prensa revolucionaria salvadoreña, 1971-1979. Es el compilador de la antología poética Esto soy, de Claribel Alegría, y de la Obra escogida de Roberto Armijo. Es el autor del estudio introductorio y la cronología del volumen Poesía escogida, de Roque Dalton, publicado por la Colección Biblioteca Ayacucho, en Caracas. Dirigió la revista Cultura y el Suplemento Literario Tres Mil. Es coeditor de los Cursos universitarios, de Ignacio Ellacuría, junto a Héctor Samour, y del volumen Ignacio Ellacuría: Utopía y teoría crítica, con Juan José Tamayo.

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